Medellín

Mirando desde el puente que une a Barrio Triste con el edificio inteligente de las EE.PP me doy cuenta de las nuevas construcciones que se han levantado, nosotros envejecemos y la ciudad crece. Este blog olvidado desde hace un año, por los trajines de la vida, vuelve hoy a jugar, para decir lo mucho que hay que decir. A cada paso que damos nos damos cuenta del duro diario acontecer. La vida de la calle es dinámica, nos muestra su rostro humano y también las dehumanización. Me impacta el desplazado con su mujer gritando frente a un edificio de 22 pisos, que es desplazado y que pide algo para comer. Lleva a su espalda todo lo que tiene y todo lo que ha recogido. Lo miran atónitos. Parece que acaba de llegar a la ciudad y se encuntra frente a la impotencia de los edificios cerrados y custodiados por porteros uniformados, que temen que con sus gritos rompa el descanso de sus patrones. Camino por la carrera 84 y me reconforto mirando en algunos balcones, las orquídeas florecidas. Vuelan las loras desde la torre de la iglesia de la América, con alborotador chichillo, van buscando los corozos maduros. Siento el olor amargo de la palma que perfuma el barrio. Regreso a casa a tomarme un vaso de agua y a contemplar las hojas amarillo quemado del almendro que tengo frente al balcón. Abajo en la cafetería reniega por la hojarasca la flaca que atiende el negocio y le dice al patrón que hay que tumbar ese árbol. Por la avenida Nutibara he visto que a los árboles no los podan sino que los mutilan. Hay mucho negocio para arrendar, en el que sus dueños tumban cuanto palo tiene enfrente para que se vea el aviso. La ciudad tiene mil rostros, me quedo con el de la madre naturaleza, sus lluvias, sus tardes de sol, sus amaneceres de arrebol.

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